BREGUES DE MOIXOS. Ferrando · Galiana · Saavedra. València: LIQUEN RECORDS. DL: V-3349-2018 — LRCD009. PVP: 18€
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BREGUES DE MOIXOS es un trío de improvisadores y creadores sonoros de consolidadas y muy singulares trayectorias artísticas. De la música a la performance, de la pintura a la poesía sonora y visual, de la libre improvisación al arte de acción, BREGUES DE MOIXOS lleva cuatro años operando en el marco de la música experimental valenciana y con propuestas arriesgadas en el qué, pero sobre todo en el cómo hacer música de forma diferente y comprometida con una expresión sonora absolutamente liberada, sorpresiva, inmediata y altamente energética. BREGUES DE MOIXOS es su primer álbum como formación estable.
Toda la música de BREGUES DE MOIXOS es de Bartolomé Ferrando, Josep Lluís Galiana y Avelino Saavedra.
BREGUES DE MOIXOS fue grabado por Julio Valdeolmillos en Shark Estudios (Paterna, València) el 20 de noviembre de 2018.
Mezclado y masterizado por Avelino Saavedra.
Ilustración de portada y diseño gráfico de Avelino Saavedra.
Producido por Josep Lluís Galiana.
Amb el suport de

i la col·laboració de

Integrat pels artistes Bartolomé Ferrando (veu), Josep Lluís Galiana (saxos) i Avelino Saavedra (bateria), BREGUES DE MOIXOS acaba de publicar el seu primer treball discogràfic. Es tracta d’un procés participatiu i d’autoria col·lectiva, una deriva de sons i fonemes, de paraules i colps, de significants i significats, de semanticitats i asemanticitats, de jocs lèxics i aventures lingüístiques. Cadascun dels membres de BREGUES DE MOIXOS aporta la seua sonovisió personal, generant un flux sonor de increïble força emocional, en el qual no hi manquen bones dosis d’humor i delicada ironia.

Bregues de Moixos en los Estudios Shark, 2018
Tota la música està composta per BARTOLOMÉ FERRANDO (veu), JOSEP LLUÍS GALIANA (saxofons baríton, tenor i soprano) i AVELINO SAAVEDRA (bateria i objectes sonors)

Gràcies al recolzament de l’Institut Valencià de Cultura IVC Generalitat Valenciana i a la col·laboració del Laboratorio para la Investigación de Procesos Creativos Contemporáneos AD LAB, el CD de BREGUES DE MOIXOS ha estat editat sota el segell valencià LIQUEN RECORDS, mostrant el treball d’aquests improvisadors imprescindibles de l’actual escena nacional i internacional de la free improvisation, la poesia sonora i l’art d’acció. Els valencians Bartolomé Ferrando i Josep Lluís Galiana i el gallec afincat a València des de fa gairebé dues dècades Avelino Saavedra han estat capaços de sumar les seues respectives poètiques sonores i elaborar un discurs musical força potent, coherent i farcit de sonoritats delicades i intimistes, alhora.

De la música a la performance, de la pintura a la poesia sonora i visual, de la lliure improvisació a l’art d’acció, BREGUES DE MOIXOS duu quatre anys operant en el marc de la música experimental valenciana i amb propostes arriscades. Apassionats en el què, però sobretot en el com fer música de forma diferent i compromesa amb una expressió sonora absolutament liberada, sorprenent, immediata i altament energètica. BREGUES DE MOIXOS ha posat com a títol del seu primer àlbum el nom del seu trio i com a títols de les nou peces incloses en ell:

1. Mañana de luz líquida
2. Paisaje repleto de semillas sonoras
3. Desde la médula del grito
4. Caligrafía del fuego
5. La memoria se ha enredado y está llena de nudos
6. Música que se exhibe en ropa interior
7. Aire de carne transparente
8. Máquina desnuda con sus huesos al aire
9. Viento de sábanas de vidrio
DOSSIER DE PRENSA
En el Sur de India, concretamente en Kerala, los cuatro Vedas (textos sagrados orales compilados y datados antes de Cristo), Rig, Yajur, Sama y Athharva se transformaron en poesía objeto de liturgia y de ahí dieron el paso al Teatro Sacro de Kerala. Transmitidos por Brahmanes de generación en generación, se crearon escuelas dedicadas a transmitir este inmenso arte. La forma de expresión adquiere una importancia tremenda hasta el punto de que las declinaciones, gestos y posturas imitan a la propia naturaleza. Lo concreto y psicológico pasa a los llamados Mudras (posturas de las manos, usadas también para mantener la concentración en Yoga).
Curiosamente, el disco que traemos a colación se llama Peleas de Gatos, y a lo largo de 50 minutos, la música de estos tres excelsos improvisadores emulan un Teatro Sonoro Improvisatorio Felino en el que la realidad queda mimetizada y reducida (destilada) desde lo psicológico (ideogramas) hasta lo sonoro usando la paleta amplia de la performance.
Cuando pulso play y me encuentro de sopetón con los dos primeros cortes “Mañana de luz Líquida” y “Paisaje Repleto de Semillas Sonoras” no puedo evitar, y a tenor de las inflexiones vocales de FERRANDO, trasladarme a ese gran espectáculo de la Música Carnática y de forma más concreta al Konnakol o percusión vocal del Sur de India. Pero ojo, hay que matizar… desvestido de lo sacro y religioso, y más imbuido de expresividad Cabaretera, tendríamos que adelantarnos varios cientos de años hasta el Downtown Neoyorquino, TZADIK, y los discos de MIKE PATTON con NAKED CITY para dilucidar de forma más precisa a qué suena este Bregues de Moixos.
Lenguajes inventados al servicio de la música, lo vocal y la percusión atávica en estos dos primeros cortes del disco. Hay que sentarse y seguir cada instrumento por separado para abarcar el alcance de tanta ráfaga de percusión, sordina en los vientos, y sílabas recortadas con cuerdas vocales como pelos de acero en una fábrica de marquetería. ¿Se podría catalogar esto de Jazz Dadaísta Carnático?… ¿Fluxus Improvisatorio Indostaní?… difícil de decir porque el Teatro Japonés GAGAKU hace su acto de presencia en el segundo corte embarullando más las etiquetas.
Las vocalizaciones de FERRANDO a más de uno podrían recordarle a una grotesca reinterpretación de la música cortesana japonesa en el elegante Saibara, el declamatorio Rôei o los patrones melódicos del Kagura-uta… Tsuki, Oshi, Mawasu-fushi y Ori-fushi o cómo cantar una Saeta Japonesa en clave Free Jazz es lo que nos encontramos ya en el tercer corte (más explosivo) “Desde la médula Del Grito”.
El saxo con notas sostenidas, largas y en ráfagas y la entrecortada y barroca percusión traen la fiereza de NAKED CITY a la palestra pero sin la envoltura Noir de aquellos. Cadenas, objetos que caen, las cuerdas vocales pasando con una sutileza tremenda desde las notas altas en falsete a las más graves, y ferretería jazz remachada con fieros ataques del saxo barítono para finiquitar un tema sublime.
Sigue “Caligrafía Del Fuego”. Ideogramas ígneos transmutados a sonidos que imitan el chasquido de ramas ardiendo. Con ambiente de fábula de otros tiempos, el minimalista saxo sirve de contrapunto y banda sonora a la historia en cuneiforme que nos cuenta FERRANDO mientras que GALIANA se sirve de una destreza enorme en las partes rápidas pero bajando el tempo a niveles de hipotermia cuando así lo requiere la atmósfera. En contraste entran las percusiones a lo SUN RA en “La Memoria Se Ha Enredado y Está Llena De Nudos” aunque los vientos, a pesar de no ser trompetas, bien podrían descender de la línea genealógica de Mu y DON CHERRY (por lo tribal digo).
Como las Ecolalias en el Trastorno del Espectro Autista, el lenguaje lidia con lo patológico para realzarse en gloria y es que lo patológico siempre tiene un alto grado de magnificencia. Si no me crees escucha en soledad los acuáticos tonos de “Música Que Se Exhibe en Ropa Interior”; agudos drones producto de rozar los platos con arco, rumiaciones del saxo de GALIANA y una febril historia literaria que nos llega tan perturbadora como las esotéricas declamaciones de MIKE PATTON en el proyecto Zorniano MOONCHILD.
Si “Aire de Carne Transparente” no os remite a la particular forma de entender lo literario de PATTON, JOEY BARON y TREVOR DUNN es que estoy loco. Eso sí, habría que añadir los vientos de GALIANA para completar la fórmula. De todas formas, flota en Bregues de Moixos una sensación de violencia contenida que hace que cosas tan a priori opuestas como el Hardcore queden por ahí pululando al menos en esencia… vale, esto no es Jazzcore pero ojito que está a un solo paso.
“Máquina Desnuda con sus Huesos al Aire” y “Viento de Sábanas de Vidrio” suman 12 minutos en los que se resume a la perfección todos los ingredientes que he ido describiendo. El Teatro Sacro de Kerala y el Gagaku Japonés se desnudan de religiosidad para abrazar lo urbano en una Glosolalia que se tiñe de Free jazz y Avantgarde… el resultado, una jodida pelea de gatos en plena madrugada.
Publicado por CORONEL MORTIMER en La muerte tenía un blog, lunes, 3 de junio de 2019

Bregues de moixos / In the middle of nowhere (2 discos). Bartolome Fernando, voz; Josep Lluis Galiana, saxos; Avelino Saavedra, batería y sonidos. Edita: liquen records
Ya nadie tiene duda de que la improvisación se ha instalado en España, al menos en las grandes ciudades y alguna que otra ciudad media pero con una razonable escena musical
Por otra parte tampoco hay duda de que no es un estilo subsidiario del jazz, la música electroacústica o el rock o la poesía, por ejemplo. Músicos, grupos, ensembles, big bands… en todos los formatos les vemos en programaciones y festivales, sabemos también que no es un estilo mayoritario y que en directo funciona muy bien ayudado de su dimensión visual. En «frío», o sea, en el CD la escucha debe ser tranquila, atenta y tratando de apreciar sonido y texturas musicales y dinámicas muy sutiles que a veces en directo pasan desapercibidas. Además, se puede improvisar en estudio —como es el caso— con lo que la calidad del sonido está garantizada.
Centroeuropa —Peter Brotzmann— y Gran Bretaña —Dereck Bailey, Evan Parker— nos llevan ventaja histórica, pero la talla de grandes músico e improvisadores en España ya es considerable: Wade Matthews, Chefa Alonso, Agustí Fernández, Lucía Martínez, entre otros. Algunos provienen del jazz, pero vuelvo a repetir que la electroacústica, el rock o la poesía recitada también son un campo abonado para este estilo musical.
Mención aparte debo hacer de Josep Lluís Galiana por su labor de animador de la escena mediterránea de la improvisación y cada día más ampliada al centro de la península. Que siga así.
Mientras nos llega en directo la improvisación a «provincias» disfrutemos de los discos, que no es poco, y que podemos adquirir en liquenrecords.com

Revista ENDERROCK, maig 2019

Paco Yáñez, Scherzo, 3 de abril de 2025
Tras dos meses abierta al público en el Octubre Centre de Cultura Contemporània de Valencia, la exposición Avelino Saavedra. Obra plástica multiestilística en la fragmentación llegó a su final el pasado 29 de marzo, clausura que fue acompañada de un concierto del trío Bregues de Moixos, del que el propio Avelino Saavedra forma parte, uniendo en un mismo acto sus dos facetas creativas principales: la de artista plástico y la de músico, contando en su haber, en este último apartado, con una dilatada trayectoria en los campos de la investigación sonora y la improvisación libre, de las que tan buenas muestras nos ha dejado tanto en vivo como en los registros de dichas improvisaciones publicados por Liquen Records, sello del que es fundador y productor otro de los miembros de Bregues de Moixos, el saxofonista valenciano Josep Lluís Galiana.
A ellos se une, en la voz, una de las figuras más importantes en el campo de la performance y la improvisación en España, Bartolomé Ferrando, poeta y músico cuyo trabajo lo ha llevado en diversas ocasiones a Japón, lo que, de algún modo, completaba el diálogo hispano-nipón que un día antes habíamos vivido en el soberbio concierto de la Orquesta de Valencia en el Palau de la Música, con Toshio Hosokawa como protagonista.
El propio Bartolomé Ferrando fue quien abrió la velada musical, con una improvisación sobre el nombre de Avelino Saavedra, aunque, para que éste llegara a ser completamente inteligible, tuvimos que esperar al final de una improvisación libre en la que Bartolomé Ferrando abarcó unas tesituras realmente extremas que, en su caso, siempre me recuerdan al gran Spyros Sakkas cantando Aïs (1980), partitura de Iannis Xenakis que, como la improvisación de Ferrando, lleva los registros vocales a unos paisajes acústicos en los que la identidad del yo se disuelve en una textura que la convierte en una sonoridad entre lo electroacústico y lo instrumental: a tal grado llega la tensión en fonación, articulación, cambios de tempo e inventiva en los materiales fonéticos desplegados por Ferrando, dando salida a lo que siempre parece un idioma propio, el atávico pulso de sus entrañas; en este caso, en amistoso diálogo (a modo de homenaje) con Avelino Saavedra.
Ese mismo virtuosismo vocal lo llevaría Bartolomé Ferrando a la segunda improvisación libre que escuchamos el sábado 29 de marzo, ya integrado en Bregues de Moixos, dejándonos las buenas sensaciones que les hemos conocido previamente, bien como trío, bien formando dúos, en improvisaciones como Música en ropa interior (2022) o en la propia Bregues de moixos (2018) que les dio nombre.
Si la creación plástica de Avelino Saavedra se caracteriza por su total libertad, iconoclastia y mensaje profundamente crítico (que no excluye múltiples destellos de un poético lirismo, como los que vemos en sus tintas sobre papel de arroz: obras de reminiscencias nuevamente niponas), la improvisación de Bregues de Moixos igualmente compartió dichos presupuestos estéticos y políticos, reivindicando la práctica de la libertad musical en un arte, el de la improvisación libre, que llevado a los niveles de virtuosismo y excelencia que nos ofrece este trío es algo digno de asombro, por el grado de entendimiento que muestran sus componentes.
Así, la última improvisación libre de Bregues de Moixos en Valencia basculó entre los pasajes a trío y otros en los que adoptaron distintas combinaciones de voz, saxofón y percusión; una percusión en la que habitualmente vemos a Avelino Saavedra atacando instrumentos como la batería, si bien en el Octubre Centre optó por un sintetizador con un micrófono de contacto incorporado sobre cuya superficie manipuló objetos como el papel, las cadenas, la baqueta superball o varillas que, además de con sus propias manos, han creado unas sonoridades insospechadas que se han convertido en el mayor centro de interés para el público reunido en el Octubre (de hecho, fueron varias las personas que se acercaron al término de la improvisación para conocer de primera mano el funcionamiento de este sintetizador preparado con el que Avelino Saavedra se convirtió en el protagonista del concierto —como, por otra parte, era lo propio en un evento en el que se celebraba su creación pictórica y escultórica—).
Los roces, los glissandi, las fricciones y la plétora de golpeos llevados a cabo por Avelino Saavedra sobre las distintas zonas de contacto y la caja del amplificador fueron tratados mediante pedales, para expandir sus sonidos, bascularlos estereofónicamente o producir efectos de delay que daban la sensación de provenir de equipo informático de electrónica en vivo mucho más potente y complejo de lo que el propio sintetizador, por sí mismo, es capaz.
Ello no es más que otro ejemplo de la fértil imaginación tímbrica de Avelino Saavedra, algo de lo que, en su vertiente pictórica, ya habíamos tomado buena nota en su exposición en el Octubre Centre, en la que cuadros como La conciencia carnívora, ese espectro (1996), Psique (2013) o Bomba de la paz (2023), por citar sólo tres ejemplos, nos hacían creer que, más que ante la exposición de un solo artista, estuviésemos visitando una colectiva, llegando a poder parecer más heterogénea y plural la propia propuesta pictórica de Saavedra que la improvisación libre escuchada para clausurar su exposición, pues mandaron en ella la gran coherencia formal y el entendimiento habido entre sus tres intérpretes, aunque no dejen de mostrar perfiles propios y un enorme respeto por las necesidades expresivas del otro, como se observa cuando se van dejando mutuamente el espacio para que cada una sus voces adopte un papel de solista en un momento dado (equilibrio en la estructura y en la dinámica de entradas, en la formación entre el solo, el dúo y el trío, que me parece —tal como lo hace Bregues de Moixos: rigurosamente en vivo y respetando la no planificación previa de la estructura— algo asombroso para quienes estamos más hechos a la música escrita sobre un pentagrama).
Por lo que a Bartolomé Ferrando se refiere, sus partes vocales siguieron unos presupuestos técnicos y estilísticos muy similares a los que le habíamos escuchado en su improvisación sobre el nombre de Avelino Saavedra, volviendo a dejar muestras de un humor encomiable, de una completa desmitificación del canto en su vertiente más oficial e impostada, así como ecos nuevamente xenakianos que, llevados a Asia, convocan reverberaciones del canto ritual y de un teatro nō que un día antes habíamos visto igualmente informar la ópera Futari Shizuka (2017), de Toshio Hosokawa.
Mientras, Josep Lluís Galiana ha optado en esta improvisación por un papel más secundario, convirtiéndose en una sombra armónica o en un bajo continuo para el trabajo de Saavedra y Ferrando, confiriendo mayor protagonismo a ambos y, muy especialmente, al desparpajo de un Avelino Saavedra al que correspondió cerrar la improvisación. En todo caso, su saxofón soprano, de cuyo virtuosismo y potencia son excelentes ejemplos improvisaciones tan recientes como Birds of a Feather (2024) o Interaccions sonores 2.0 (2023), es capaz de proyectar al trío verdaderos haces de luz, abigarrados multifónicos y una poética que, el pasado 29 de marzo, parecía más introspectiva, no por ello sin dejar de cohesionar al trío y rubricando una velada realmente agradable, en la que las pinceladas de Bregues de Moixos han puesto música al arte de Avelino Saavedra.
Finalizadas la exposición y la improvisación libre (que tuvo lugar a los pies del gran mural diseñado por Josep Renau en 1969 y materializado décadas después por el artista valenciano Javier Parra), nos queda de la muestra de Avelino Saavedra un formidable catálogo titulado Avelino Saavedra. Obra plástica y más, publicado por EdictOràlia Llibres i Publicacions en enero de este mismo año con la coordinación de Joan Gómez Alemany y Josep Lluís Galiana (ambos, formando parte de la presentación del libro el propio día de este concierto); un volumen de 288 páginas a todo color en el que, además de textos ensayísticos y entrevistas con Avelino Saavedra, podemos ver catalogada una parte muy relevante de su obra plástica y performativa, además de dedicar toda una sección a su producción musical y a su discografía. Una edición fundamental, por tanto, para conocer en mayor profundidad la polifacética creación del artista gallego afincado en Valencia, donde ha desarrollado a lo largo del último cuarto de siglo la mayor parte de su carrera.